
INERCIA
Inercia es lo que hace que dos cosas se atraigan con una fuerza invisible y poderosa. Segundo es una unidad de tiempo. La inercia de un segundo hace que durante un instante seas consciente del momento que vives. Y te comportes como si una fuerza invisible y poderosa te ayudara a elegir con los ojos bien abiertos. La inercia de un segundo hace que caigas en el siguiente, con la grandiosa cantidad de posibilidades que pueden hacer que en ese mismo instante todo cambie para siempre, o para nunca.

Por tanto, acepta cada matiz del contexto, no escuches a quien no debes, y cree en ti por encima de todo. Y la pasión, en cualquiera de sus modalidades, úsala y déjate usar por ella. Eso fue lo primero que aprendí al llegar a la universidad. Una absurda fórmula de trabajo en la que el ingrediente secreto era la pasión por la vida. Pasión en todas sus modalidades, repito.
Nadie quiere desorganizar su mundo. Por eso, mucha gente consigue controlar esta amenaza, y es capaz de mantener en pie una casa o una estructura que ya está podrida. Son los ingenieros de las cosas superadas.
Otra gente piensa exactamente lo contrario: se entrega sin pensar, esperando encontrar en la pasión las soluciones para todos sus problemas. Descarga sobre la otra persona toda la responsabilidad por su felicidad, y toda la culpa por su posible infelicidad. Está siempre eufórica porque algo maravilloso sucedió, o deprimida porque algo inesperado acabó destruyéndolo todo.
Apartarse de la pasión, o entregarse ciegamente a ella, ¿cuál de las dos actitudes es la menos destructiva?"
No sé.
(Once minutos, Paulo Coelho)
Báilame el agua
Úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto.Sácame de quicio, hazme sufrir…Ponme a secar como un trapo mojado.Lléname de vida. Líbrame de mi estigma. Llámame tonto. Olvida todo lo que haya podido decirte hasta ahora. No me arrastres. No me asustes. Vete lejos…pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo. Toca mis ojos. Nota la textura del calor. ¿Por cuánto te vendes?. Píllate los dedos. Y deja que te invite a un café. Caliente claro. Y sin azúcar… sin aliento.


