Lucía nació y en apenas poco tiempo ya le habían enseñado que debía estar en silencio y tenerle miedo a la nieve. Como cualquier niña soñaba con los piratas, con los pájaros y con el viento. Le gustaban las imágenes piramidales, los helados de limón y las tartas de chocolate. Nunca pudo con los niños mocosos, con la vainilla y con los huevos cocidos.
También era admiradora incondicional de los ojos oscuros, de los ancianos sonrientes y de la tierra húmeda en las manos. Hablamos hoy de ella, porque era una persona normal. Totalmente normal, no fumaba, reía, bailaba a veces. Supongo que se enamoraba según cada estación, y era normal. Quizá te cruzaste con ella en el autobús, en la calle, en cualquier pastelería. Quizá algún día y sin saberlo la miraste mientras cruzabas la calle, y ya no te acuerdas.
Quizá no, quizá ni siquiera vivisteis en la misma época, y Lucía solo es una imagen raída de una tatarabuela de tu vecina del cuarto. A lo mejor, ella es tu amor, o tu madre, o tu hermana. Como digo, no hablo de nadie, no hablo de Lucía. Hablo de alguien que es amigo, y desconocido a partes iguales. A partes, indecisas, poco proporcionales, poco vivas y poco muertas. Lucía es alguien. Quién eres tú?

